" Sólo hay una forma de leer correctamente: leer con toda la piel expuesta al verbo"

" Sólo hay una forma de leer correctamente: leer con toda la piel expuesta al verbo"
" Sólo hay una forma de leer que me convence: leer con toda la piel y el alma expuestas al verbo" © Lucía Conde Parmés

23 enero 2021

Espejos


I

 Doble placer 

dibujando el camino

de la lujuria...

II

Se  hace difícil

escapar al deseo

frente a un espejo.

III

Tu lengua juega:

va de la carne al frío

y viceversa...


IV

Siempre el espejo

-por muy frío que esté-

enciende el fuego


© Lucía Conde

20 octubre 2020

París



El deseo me viaja
por los muslos. 
Se desliza impúdico
en la ardiente espera.
 
Dejo que convulsione
mi sexo en mis dedos
y gimo en ti,
en el dulce recuerdo
de esos besos prohibidos
que nos damos.
 
Nadie podrá robarnos
el instante
en el que nuestras pieles
nos conversen
sin obstáculo alguno
y escribamos el placer
con letras húmedas.
 
Nadie podrá robarnos
ese beso distinto
libre por fin, tan dulce
que derribe la puerta
de nuestros cuerpos.
 
Sueño contigo cada noche
y dibujo el momento  en que París
se convierte en el cómplice
del amor más bonito
que jamás existió
y sellamos un pacto
sin firmas; un acuerdo
 sin fecha de caducidad.
 
© Lucía Conde


10 septiembre 2020

30 agosto 2020

Juegos

               




Nos gusta  a ambos jugar, probarlo todo:
dejar que el niño azul que nos habita
nos lleve por caminos innombrables;
vivir en cada juego una aventura,
abrir la puerta oculta del placer.

Sorprende que en mi fuerza y rebeldía
me entregue a la locura de saberme
mujer por una noche prisionera.

El tiempo así discurre lentamente
contigo bordeando mis tesoros,
la piel que se me eriza inevitable,
la humedad que desprendo, los gemidos...
mi deseo creciente que te nombra.

Un cable, un corcho, un tul, una cuchara,
la corbata, una cuerda, una cadena...
cualquier objeto hace que mi cuerpo
desee poseerte sin medida.

Por eso, cuando al fin, tú me liberas,
la pantera que llevo se desata
y el sexo es la medalla más salvaje.

© Lucía Conde